La historia de Cabo Blanco est‡ estrechamente ligada al desarrollo de la pesca deportiva en el Pac’fico Sur.Ê No ha sido comœn en ninguna otra zona del planeta, la cantidad de acontecimientos y hechos como los que han ocurrido aqu’, en estrecha ligaz—n con el surgimiento del deporte pesquero a nivel mundial.Ê Por ello, en la dŽcada de los cincuenta y comienzos de los sesenta, Cabo Blanco fue reconocida como la mejor zona de pesca deportiva del mundo.

Las
condiciones que le dieron fama y notoriedad hace medio siglo aœn se mantienen
inalterables, pues la fabulosa pesca existente en Cabo Blanco es el resultado
de la confluencia de dos grandes corrientes marinas que ocurre frente a sus
costas. Surgiendo del sur, la fr’a
Corriente de Humboldt, una masa de agua de 150 millas de ancho, fluye hacia el
noroeste encontr‡ndose con la Corriente Ecuatorial o Corriente del Ni–o, que
viene del norte y que previamente se ha unido con la Corriente Nor-Ecuatorial.
La conjunci—n
de estas dos enormes Òv’as expresasÓ para especies deportivas del Pac’fico,
origina un nutrido tr‡fico ictiol—gico frente a las costas de Cabo Blanco y
alrededores, una abundancia y variedad sin precedentes de peces grandes y
peque–os, algo nunca visto en ningœn otro lugar del planeta. Tanto es as’ que, cualquier especie
capturada en el Pac’fico puede ser encontrada en Cabo Blanco, con la excepci—n
quiz‡s del Wahoo y del Atœn Allison.
Las aguas
de Cabo Blanco son las œnicas en el mundo que tienen una temporada de pesca de
12 meses. El Merl’n Negro, el Pez
Espada y el Atœn Ojo Grande han sido capturados en todos los meses del a–o,
pero es en los meses de diciembre hasta marzo cuando estas especies son m‡s
numerosas, salvo los atunes que tienen dos corridas al a–o: de febrero a marzo,
y de agosto a setiembre. El Merl’n
Rayado y el Pez Vela del Pac’fico son m‡s numerosos desde octubre hasta mayo.
Aunque en
la Žpoca de oro de Cabo Blanco se pescaron gran cantidad de otras especies
aparte del Merl’n Negro, el Pez Espada y el Atœn Ojo Grande, no se les dio
importancia y nunca se llev— un registro de sus capturas. Tal es el caso del Merl’n Rayado, el
Pez Vela, el Tibur—n Mako, el Fortuno, el Dorado o Perico, el Robalo, el Mero
Ojo Chico, el Lenguado, la Corvina, la Pluma, el Ojo de Uva, la Sierra, el
Bonito, el Barrilete, la Albacora y otras especies que hoy s’ despiertan el
interŽs mundial.
A la zona
comprendida frente a las costas de Lobitos hasta el Banco de M‡ncora se le
conoci— hace m‡s de medio siglo como el MarlinÕs Boulevard, o el
corredor de los merlines. La particular conformaci—n de su suelo submarino,
–que tiene una depresi—n que va desde las 35 brazas en la orilla, hasta
las 700 a 2000 brazas a pocas millas de esta–, ocasiona que el Merl’n Negro,
entre otras especies deportivas, se pegen a la costa en sus rutas
migratorias. Esto indudablemente
es una condici—n ideal y una ventaja adicional para los pescadores deportivos,
pues no tienen necesidad de alejarse m‡s de siete u ocho millas de la costa,
habiŽndose registrado capturas de Merl’n Negro a tan s—lo 300 metros de la
playa.
1. Rese–a
Hist—rica – C—mo Empez—
El
descubrimiento de Cabo Blanco como centro de pesca deportiva tuvo lugar en el
a–o 1935, cuando Thomas G. Stokes, un ciudadano canadiense que viv’a en Lima,
habiendo escuchado historias fabulosas de pescadores comerciales acerca de la
abundancia y el tama–o de los peces en Cabo Blanco, se las arregl— para llegar
al sitio en un viejo bote a Òechar una miradaÓ. En ese viaje pesc— un Merl’n Negro de 601 libras. Al a–o siguiente regres— y pesc— otro
de 712 libras.
En
aquella Žpoca la Grace Line ten’a en Talara su base de operaciones,
tanto para su l’nea naviera como para su l’nea aŽrea (Panagra), y los
pescadores que se aventuraban a viajar al Perœ para tentar las fabulosas aguas
de Cabo Blanco, eran muy bien recibidos y alojados en Talara por personal de la
International Petroleum Company, quienes ten’an a su cargo la concesi—n
de sus campos petroleros y cuyas principales cabezas eran mayormente
canadienses que se esmeraban por atender a tan peculiares visitantes. Una vez en Cabo Blanco, 26 millas al
norte del Aeropuerto de Talara, los pescadores depend’an enteramente de la
generosa hospitalidad de los residentes petroleros de la inglesa Lobitos Oil
Company, quienes los alojaban en sus propias casas.
Debido
a la falta de alojamientos adecuados en la zona, ningœn pescador regres— a
estas aguas hasta enero de 1939, cuando el neoyorquino G.P. ÒTedÓ Seeley, quien
pasaba en Lima algunos meses al a–o trabajando para la Frederick Snare
Corporation, fue atra’do tambiŽn a Cabo Blanco, y en su primer viaje logr—
pescar dos merlines negros de 718 y 704 libras a bordo de su velero de 60 pies,
bote nada aparente para este tipo de pesca. En esa oportunidad contrat— a un pescador comercial de Cabo
Blanco y utilizaron la tŽcnica de pesca de profundidad, en lugar de remolcar
una carnada, como era y es lo usual para el Billfishing, o pesca de
picudos o gladiadores.
Su impresionante bit‡cora registraba
el avistamiento de m‡s de 50 merlines negros en s—lo 17 d’as de pesca
efectiva. Segœn esa bit‡cora,
Seeley logr— enganchar un Merl’n Negro de m‡s de 1000 libras, que luego de 20
minutos de intensa lucha pudo escupir el anzuelo. Esto se debi—, segœn relatara luego Mike Lerner, a lo
primitivo de su equipo y de su embarcaci—n.
En
ese viaje Mr. Seeley se dedic— principalmente a buscar el Merl’n Negro, pero
pudo pescar tambiŽn muchos merlines rayados, peces gallo, atunes aleta
amarilla, fortunos, bonitos, meros, dorados, corvinas y sierras, siempre con la
tŽcnica empleada por los pescadores artesanales locales, es decir, la pesca de
profundidad, nunca remolcando una carnada (curric‡n o trolling). Aunque pudo avistar varios peces
espada, no logr— que picaran su carnada.
Luego
de que se conociera la extraordinaria experiencia de pesca que Mr. Seeley tuvo
en Cabo Blanco, el vice-presidente de la Grace Line, Daulton Mann,
orden— construir 2 rŽplicas de los yates que la Elco estaba construyendo
en Nova Scotia para la pesca del Pez Espada en Tocopilla, Chile, las mismas que
llegaron a Talara en abril de 1940 para que Mike Lerner las utilizara en su
primera expedici—n para el Museo Americano de Historia Natural a las aguas de
Cabo Blanco.
En
esa primera expedici—n, Michael Lerner, –a la saz—n presidente de la
IGFA–, logr— subir al bote los primeros peces espada capturados con ca–a
y carrete, uno de 384 libras y el otro de 638 libras. Lo acompa–aron en esa oportunidad la famosa bi—loga marina
Francesca LaMonte y los experimentados capitanes de pesca Douglas Osborne y
Bill Hatch de Miami, Fla.
Casi
un a–o despuŽs, en febrero de 1941, antes de dirigirse a la magn’fica y reciŽn
descubierta zona de pesca de Salinas, Ecuador, Mike Lerner lider— su segunda
expedici—n al Perœ, pescando en Cabo Blanco durante 10 d’as. En esa ocasi—n consigui— capturar el
primer Pez Vela del Pac’fico pescado en aguas del Perœ hasta ese entonces.
En
marzo de ese mismo a–o, Hans Hinrichs, otro ciudadano neoyorquino de Long
Island, pesc— un Merl’n Negro de 705 libras y un par de enormes tiburones
Mako. Adem‡s se convirti— en el
primer hombre en pescar un Merl’n Rayado en esas aguas. En aquella ocasi—n, a Mr. Hinrichs se
le escap— un Merl’n Negro que pasaba largamente las 1000 libras.
Hasta esa Žpoca, toda la pesca
deportiva que se practicaba en la zona, se realizaba empleando la tŽcnica de
pesca de profundidad, fondeando la carnada a cientos de brazas y con los
motores de la embarcaci—n apagados.
Normalmente no se pescaba a m‡s de 5 millas de las costas de Cabo
Blanco.
Como
consecuencia de la exitosa pesca del Pez Espada lograda por Mike Lerner en Cabo
Blanco, muchos pescadores artesanales locales y comerciales de la zona
comenzaron a pescarlos con l’neas de mano y con arp—n. En ese a–o de 1941, en Paita fue
desembarcado un Pez Espada de 1500 libras capturado de esa forma.
Lamentablemente,
dadas las dificultades de transporte entre Talara y Cabo Blanco y la total
ausencia de una m’nima infraestructura hotelera en la zona, la Grace Line
sabiamente decidi— mudar sus bases y embarcaciones pesqueras a Salinas en el
Ecuador, donde como hemos visto, ya se empazaba a desarrollar este deporte con
muy buenas expectativas de Žxito.
Luego, con la expansi—n de la Segunda
Guerra Mundial a AmŽrica y sus posteriores consecuencias econ—micas, cesaron
moment‡neamente las actividades de pesca deportiva en la zona, hasta 1948,
cuando el peruano Enrique Pardo Heeren fue a Cabo Blanco y pesc— un gran Pez
Espada, varios merlines rayados y un Merl’n Negro de 824 libras, a bordo de una
embarcaci—n tra’da desde Miami especialmente para esos fines.
Posteriormente,
en abril de 1951, Alfred C. Glassell Jr., de Houston, Texas, pesc— el Banco de
M‡ncora con excelentes resultados, incluyendo 20 merlines rayados y un Pez
Espada de 687 libras, el m‡s grande de esa especie jam‡s pescado en el Perœ
hasta el d’a de hoy.
En
ese mismo mes de 1951, S. Kip Farrington Jr., un excelente pescador y escritor,
de East Hampton, New York, a bordo del bote de Enrique Pardo, pesc— varios
merlines rayados y se le escap— un gigantesco Merl’n Negro que no dej— dudas a
Glassell y Farrington que en esas aguas hab’an merlines de m‡s de 1000
libras. Pero lo que m‡s impresion—
a estos diestros pescadores fue la presencia de Merl’n Rayado, Merl’n Negro y
Pez Espada juntos, una situaci—n nunca observada en ningœn otro lugar del
mundo. Y ahora, a estos colosos se
sumaba los atunes.
Es reciŽn en mayo de 1951, cuando un
grupo de eminentes hombres de negocios americanos, aficionados a la captura de
grandes piezas, funda el famoso Cabo
Blanco Fishing Club, a 40 kil—metros al norte de la ciudad de Talara y a 7
kil—metros al sur de la caleta El „uro, sobre un terreno cedido por la Lobitos
Oil Company. (M‡s tarde
pasar’an estos campos a la International Petroleum Company, quienes
ser’an luego los nuevos anfitriones).
En
diciembre de ese a–o se pone en servicio la flota de yates del Club,
consistente en 3 embarcaciones de entre 38 y 40 pies, y el primer invitado en
hacer uso de estas avist— 44 merlines en 10 d’as. (Unos a–os m‡s tarde se sumar’a una cuarta embarcaci—n).
Para
ese tiempo Cabo Blanco era ya un destino exclusivo de pesca, donde se daban
cita los mejores cultores de este deporte en el mundo, que por regla general
era gente con muy alto poder adquisitivo.
Estos a su vez atra’an al Club a otros famosos personajes como
periodistas, escritores y celebridades del mundo del cine, la pol’tica, los
deportes y los negocios, que contribuyeron a crear la fama del Club.
De la misma forma que los pilotos de
prueba esperaban superar algœn d’a la velocidad del sonido, o cualquier otro
deportista espera superar una marca mundial, as’ tambiŽn los pescadores
deportivos de todo el mundo dedicados a la gran pesca, han estado esperando por
a–os la primera captura acreditada efectuada con ca–a y carrete de una especie
deportiva que superara las 1000 libras.
Ese
reto por fin se llega a superar el 4 de abril de 1952, cuando Alfred C.
Glassell Jr. logra pescar el primer 1000 libras del mundo, con un Merl’n Negro
de 1025 libras, lo cual puso a Cabo Blanco en m‡s titulares que ningœn otro
deporte alrededor del mundo. (Una
rŽplica de este ejemplar pas— luego a decorar la sala del Cabo Blanco
Fishing Club hasta la actualidad).
2. Los
Pioneros, sus Legendarias Capturas y otras Notas
El
Cabo Blanco Fishing Club –y por
ende la zona–, en un tiempo muy corto acumula en su palmarŽs pesquero
unas extraordinarias marcas, que hasta el d’a de hoy son consideradas por su
calidad como proezas mitol—gicas.
Este legendario Club ostenta en su historial, como ya hemos visto, el
primer 1000 libras del mundo, que corresponde a la especie Merl’n Negro, el m‡s
grande de todos los peces deportivos, despuŽs del Tibur—n Blanco.
Pocos
d’as dur— esta marca, ya que en agosto de 1952 fue elevada a 1060 libras por
otro miembro del Club, y en forma sucesiva fue mejorando con registros de 1090
libras en el mismo mes y 1135 libras en el mes de setiembre, (Žsta œltima del
notable escritor y excelente pescador S. Kip Farrington Jr.); luego en julio
del a–o siguiente se elev— a 1352 libras, para llegar a agosto de 1953 con la
legendaria e hist—rica marca de 1560 libras conseguida por Alfred C. Glassell
Jr., record mundial absoluto para la especie, hasta hoy vigente y que figura en
el Libro de Records de Guiness.
(Una rŽplica de este ejemplar se exhibe en el Museo Smithsoniano de
Boston).

Cabo
Blanco fue el primer lugar de pesca del mundo donde en una sola jornada, un
mismo pescador (Alfred Glassell) obtuvo dos merlines negros arriba de las 900 libras. El a–o 1954, entre la œltima semana del
mes de marzo y la primera semana de abril se capturan en jornadas brillantes 2
merlines negros que dan en la lonja 1540 y 1525 libras, Žste œltimo es
conseguido por la entonces se–orita Kimberly Weiss (hoy se–ora Hughes) y es el
actual rŽcord mundial femenino.
ƒste fue el famoso merl’n del mill—n de d—lares.
Cabo
Blanco es tambiŽn hasta hoy el œnico lugar del mundo donde se han pescado 3
merlines de m‡s de 1500 libras.
Pero
Cabo Blanco no s—lo destaca en merlines negros, que fueron 40 los que pasaron
las 1000 libras, sino en atunes ojo grande, cuando Seymour Knox III bate el
rŽcord del Club con una pieza de 400 libras, y un a–o despuŽs, el Dr. Russell,
gran amigo y compa–ero de pesca del escritor Ernest Hemingway, colocaba la
marca en 435 libras, que es hasta el d’a de hoy marca mundial absoluta para la
especie.
Las marcas obtenidas por las damas son
tambiŽn notables, tanto en merlines negros como en atunes ojo grande, las
cuales se mantienen aœn vigentes en los registros de records de la International Game Fish Association
(IGFA). Son estos algunos de los
hechos que dieron a Cabo Blanco un halo de generosa zona para la pesca
deportiva.
Seguidamente
se consignan algunos de los acontecimientos m‡s notables registrados en Cabo
Blanco durante la dŽcada de los 50, que hasta el d’a de hoy siguen causando
asombro en el mundo de la pesca deportiva, tanto por la calidad de las proezas,
como por el hecho de que luego de m‡s de 40 a–os de abandonada la actividad pesquera
deportiva en la zona, –y a la vez incrementada en otros lugares de pesca
del mundo–, muchos de estos records permanecen aœn vigentes en los
registros de la IGFA:
- Cabo
Blanco mantiene vigentes hasta la fecha 7 records mundiales: 2
marcas absolutas, 3 marcas femeninas en categor’a de l’nea y 2 marcas
masculinas en categor’a de l’nea:
- RŽcord
Absoluto x Especie Merl’n
Negro 1560
lbs 04/08/1953
- RŽcord
Absoluto x Especie Atœn
Ojo Grande 435 lbs 17/04/1957
-
RŽcord Categ. L’nea 130 lb Fem. Merl’n
Negro 1525
lbs 22/04/1954
- RŽcord
Categ. L’nea
80 lb Fem. Atœn Ojo Grande 335 lbs 25/03/1953
- RŽcord
Categ. L’nea 130 lb Fem. Atœn Ojo
Grande 336 lbs 16/01/1957
- RŽcord
Categ. L’nea 50 lb Masc. Pez Gallo 80 lbs 13/06/1954
- RŽcord
Categ. L’nea 130 lb Masc. Pez Gallo 100 lbs 12/06/1954
- De
acuerdo a los registros de la IGFA, entre enero de 1952 y julio de 1959 se
pescaron en Cabo Blanco 262 merlines negros por un total de 137 pescadores
desde los botes del Club; y se bati— 9 veces el record mundial de la
especie. Solamente Alfred C.
Glassell Jr. pesc— 33 merlines negros y, de estos, 4 arriba de las 1000
libras. (Contrariamente a lo que
se cree, el famoso escritor Ernest Hemingway s—lo pudo pescar 2 de estos
ejemplares en Cabo Blanco, ninguno por encima de las 1000 libras).
- En
ese mismo lapso de tiempo se pescaron tambiŽn 53 peces espada arriba de las 200
libras: 5 correspond’an a Alfred C. Glassell Jr. y 5 a Osborn Owings, un famoso
y experimentado capit‡n americano.
Adem‡s tambiŽn en ese per’odo se pescaron en Cabo Blanco 89 atunes ojo
grande, todos arriba de las 200 libras.
- Asimismo,
cientos de merlines rayados pesando m‡s de 300 libras fueron pescados en Cabo
Blanco, pero debido a que muchos eran devueltos al mar y a que no eran piezas
buscadas por los pescadores, nunca se registraron records de dichas
capturas. Sin embargo, desde
octubre de 1956 hasta junio de 1957, se pescaron en Cabo Blanco 302 merlines
rayados con un promedio de 218 libras, con s—lo 3 embarcaciones.
- Cientos
de peces vela arriba de las 150 libras fueron pescados en Cabo Blanco durante
ese mismo per’odo de tiempo, pero tampoco se registraron dichas capturas y los
pescadores rara vez se deten’an por esas especies.
- Tampoco
se registraron nunca las capturas del Merl’n Azul, aunque s’ se registr— la
captura del m‡s grande de esta especie, con un ejemplar de 685 libras.
- Desde
agosto de 1953, –fecha en que se pesc— el rŽcord mundial de Merl’n Negro
hasta hoy vigente–, hasta enero de 1959, la IGFA ten’a registrados 14
records mundiales vigentes en Cabo Blanco, que inclu’an las especies Merl’n
Negro, Pez Gallo y Atœn Ojo Grande;
(4 de estos correspond’an a records femeninos).
- En
un a–o y medio, el rŽcord de Merl’n Negro fue batido 5 veces en Cabo Blanco
antes de que Alfred C. Glassell Jr. impusiera su legendaria marca para la
especie el 4 de agosto de 1953, que es hasta hoy el rŽcord mundial absoluto
para la especie con 1560 libras.
- El
rŽcord mundial de Merl’n Negro que ostentaba Nueva Zelanda desde 1926 con un
registro de 976 libras, fue batido 42 veces en Cabo Blanco, (40 de estas
capturas pesaron m‡s de 1000 libras).

- En
esa Žpoca, Alfred C. Glassell Jr. pesc— el Pez Espada m‡s grande jam‡s
capturado en Cabo Blanco hasta el d’a de hoy, con un peso de 687 libras. El
mismo Glassell pesc— tambiŽn el Merl’n Rayado m‡s grande con un peso de 382
libras.
- Varios
peces espada y merlines negros de m‡s de 1000 libras, incluyendo un Merl’n
Negro de 2250 libras, fueron arponeados y llevados a tierra por pescadores
artesanales locales de Cabo Blanco durante esa Žpoca.
- En 1958 se pesc— en Cabo Blanco el pez
m‡s grande jam‡s capturado en un campeonato de pesca, un Merl’n Negro de 880
libras logrado por Perry Van Vleck.
Esta captura fue superada 2 d’as despuŽs por el capit‡n Osborn Owings,
que pesc— un Merl’n Negro de 1128 libras, siendo el primer 1000 libras del
mundo pescado en un campeonato.
- En
1959, por primera vez en una competancia de pesca se captur— un Pez Espada en
Cabo Blanco. En ese torneo se
lograron 7 capturas de esta especie, 2 en el mismo d’a por 2 miembros del mismo
equipo. Los ejemplares capturados
pesaron entre 288 y 564 libras.
- Uno
de los hechos m‡s resaltantes y curiosos en esa misma competencia fue la
captura de 2 records mundiales empatados.
Elwood Harry (que luego fuera el tercer presidente de la IGFA) y Perry
Van Vleck lograron capturas simult‡neas de Atœn Ojo Grande, con 360 libras para
cada ejemplar.
- Los
2 peces m‡s grandes jam‡s capturados en un solo d’a fueron logrados en Cabo
Blanco. Igualmente, otros 7
pescadores lograron pescar 2 merlines negros en un solo d’a en las fabulosas
aguas de Cabo Blanco.
- Cabo
Blanco es hasta hoy el œnico lugar del mundo donde se han pescado 3 merlines
negros arriba de las 1500 libras.
- Es
tambiŽn el œnico lugar del mundo donde se han pescado 2 peces espada en un solo
d’a por un pescador 2 veces. Cada
uno de los 2 pescadores capturaron 1 el mismo d’a desde la misma embarcaci—n.
- En
el a–o 1959, el Perœ era el œnico pa’s en cuya legislaci—n se prohib’a la pesca
comercial del Merl’n y del Pez Vela, en cualquier modalidad.
- Todos
los pescadores que capturaban Merl’n Negro, Merl’n Rayado, Pez Espada, Atœn,
Pez Gallo, Dorado o Robalo en Cabo Blanco, recib’an prendedores de plata con la
forma de la especie capturada, a manera de un reconocimiento del Club.
Cuando
se comparan los resultados de pesca de varios lugares en el mundo, la medida
m‡s fiel es en Òhoras boteÓ. Si
tenemos que 20, 30, 50, 100 — 400 botes est‡n trabajando una zona determinada
de pesca con frecuencia y regularidad, es m‡s que probable que logren pescar
algo.
Por
ello es que lo m‡s impresionante de estas haza–as deportivas logradas en Cabo
Blanco radica en el hecho de que estas han sido logradas con s—lo una, dos,
tres o, a lo sumo cuatro embarcaciones deportivas pescando cada d’a, y sin
aparejos auxiliares como tangones y sondas para rastrear el inmenso mar; a
diferencia de los dem‡s lugares de pesca del mundo, donde cientos de
embarcaciones salen diariamente a peinar la zona de pesca, con lo cual
l—gicamente aumentan sus probabilidades de ubicar a sus presas. Esta es una
comparaci—n que los verdaderos pescadores de altura siempre tienen presente.
Como
una referencia a la fama aœn no olvidada de Cabo Blanco, el Hotel Ritz de Par’s
en Francia, le puso el nombre de ÒEl Espad—nÓ a su famoso bar.
En
la dŽcada de los 50 en Cabo Blanco se expusieron varios miles de pies de
pel’cula de cine. Las 4 pel’culas
m‡s famosas rodadas en Cabo Blanco son:
ÒThe
Old Man and the SeaÓ (ÒEl Viejo y el MarÓ).- En esta
pel’cula, basada en la novela del mismo nombre que le vali— el Premio Nobel de
Literatura a Ernest Hemingway, todas las escenas de merlines y ballenas fueron
filmadas frente a Cabo Blanco. La
pel’cula incluye impactantes secuencias de la pel’cula donde Alfred C. Glassell
Jr. batalla con su rŽcord mundial, el Merl’n Negro de 1560 libras.

ÒTed
Williams at Cabo BlancoÓ (ÒTed Williams en Cabo BlancoÓ).- Aqu’
se ve a la leyenda del Baseball norteamericano luchar con un enorme
Merl’n Negro de 1235 libras. La
pel’cula prob— que Ted Williams era tan diestro con la ca–a de pescar como lo
era con el bate de Baseball.
TambiŽn se pueden apreciar en esta pel’cula excelentes tomas de
Mantarayas gigantes realizando espectaculares saltos.
ÒHot ReelÓ
(ÒCarrete CandenteÓ).- Esta fue una pel’cula producida por Universal
Pictures y filmada por Van Campen Heilner en Cabo Blanco. En su momento fue un Žxito de taquilla
y fue proyectada en 6500 salas de cine de los Estados Unidos. Entre otras excelentes escenas se
incluyen tomas de un miembro del Cabo
Blanco Fishing Club, Joseph D. Peeler, pescando un Merl’n Negro de 910
libras; y de Julian T. Crandall, otro miembro del Club, pescando merlines
rayados con l’nea de 9 hilos (aprox. 12 kilos). Este film tiene las mejores tomas de merlines rayados saltando
fuera del agua.
ÒCabo
Blanco, The Fishing Capital of the WorldÓ (ÒCabo
Blanco, Capital Mundial de la PescaÓ).- Fue filmada por el se–or y la se–ora
Maurice Meyer, de New Jersey.
Incluye tomas de merlines negros y rayados, peces espada, peces vela,
peces gallo, atunes ojo grande y tiburones mako; pero lo m‡s impresionante de
esas escenas fue la captura de un Merl’n Negro de 1240 libras por la se–ora
Meyer en la ma–ana, y de un Merl’n Negro de 1200 libras pescado por el se–or
Meyer en la tarde de ese mismo d’a.
Marido y mujer, el mismo bote, la misma tripulaci—n, el mismo d’a.
Por
aquella Žpoca ya se hab’a escrito mucho sobre el tema de la pesca deportiva,
tanto por naturalistas y aficionados, como por novelistas e historiadores
famosos como el inglŽs Henry William Herbert (1807-1858), alias Frank Forester,
el primer historiador deportivo de AmŽrica, autor de innumerables libros y
art’culos period’sticos sobre pesca.
Con sus escritos empez— realmente la pesca marina en AmŽrica y en ellos
se establecieron por primera vez los lineamientos que diferenciaban la pesca
deportiva de la pesca comercial.
Fue tambiŽn el inventor de muchos aparejos y tŽcnicas de pesca que
perduran hasta la actualidad.
Otro
fue el profesor y cient’fico suizo Louis Agassiz (1807-1873), gran amigo de
Alexander Von Humboldt y uno de los primeros bi—logos marinos del mundo, que
entre otras tareas, ayud— a clasificar a los peces del Pac’fico. Fue pionero en tender puentes entre los
pudientes pescadores deportivos y los hombres de ciencia, fomentando las
primeras expediciones cient’ficas de pesca.
El
escritor y profesor Charles Frederick Holder (1851-1915), autor de The Game
Fishes of the World (1913) entre otras grandes obras, fue el primer
pescador en acreditar una captura de un atœn grande con ca–a y carrete y fue
uno de los fundadores del Catalina Tuna Club, en la isla de Avalon,
frente a las costas del sur de California, que fuera el primer Club de
pesca en el mundo.
Pero
fue sin duda Pearl ÒZaneÓ Grey (1872-1939), el m‡s famoso escritor de libros de
pesca y aventura y toda una leyenda en su Žpoca. No obstante su gran amor y afici—n por la gran pesca, fue
siempre un detractor de las reglas de pesca que por ese entonces empezaban a
regir el deporte, y en sus libros trat— siempre de imponer sus mŽtodos, que
segœn Žl, daban m‡s libertad al deporte, aunque para la mayor’a de pescadores
eran tŽcnicas depredadoras.
El
escritor y naturalista Ernest Hemingway (1899-1961), fue otro gran pescador que
dedic— buena parte de su vida a buscar los peces m‡s grandes. Pero a diferencia de Zane Grey, este
pescador se hizo solo, y pescaba por amor al deporte m‡s que por
figuraci—n. Siempre fue un preocupado
por la conservaci—n de las especies y por la igualdad en la lucha contra un
pez. Contribuy— a reglamentar el deporte de la pesca y fue vice-presidente de
la IGFA desde su fundaci—n hasta el d’a de su muerte en 1961.
Hubieron
tambiŽn otros grandes escritores y pescadores como Van Campen Heilner (1899);
el excelente escritor y gran pescador S. Kip Farrington Jr.; y el famoso
cient’fico y eximio pescador Mike Lerner (1896), fundador de la IGFA y autor de
cantidad de libros sobre pesca, considerado hasta hoy como el padre de la pesca
deportiva en el mar. Estos œltimos
fueron asiduos visitantes de Cabo Blanco.
Otros famosos escritores y talentosos
deportistas y hombres de empresa como Ray Cannon (1892), Tommy Gifford (1897),
Philip Wylie (1902), Oliver Hazard Perry Rodman (1905), Johnny Cass (1908),
Frank Woolner (1916), Vlad Evanoff (1916), Don Holm (1918), Bernard ÒLeftyÓ
Kreh (1925), Curt Carpenter (1929), Philip Clock (1935) y muchos otros
contribuyeron tambiŽn a fomentar y a hacer m‡s asequible para la mayor’a de la
gente el hasta entonces elitista deporte de la pesca, ayudando a crear conciencia
entre sus cultores sobre la urgente necesidad de preservar el recurso.
3. Los Miembros del
Club y otros Ilustres Visitantes
A
fines de la dŽcada de los 50, cuando el Cabo Blanco Fishing Club se
encontraba en todo su apogeo, los miembros del Club eran los siguientes
personajes, que quiz‡s el comœn de la gente hoy en d’a no reconozcan, pero que
en su Žpoca eran todos ellos millonarios famosos y hombres de negocio exitosos,
que tra’an a sus amigos y otros miembros del yet-set a pescar a Cabo
Blanco:
-
Wendell Anderson (Detroit, Mich, USA)
-
William K. Carpenter (Fort Lauderdale, Fla, USA)
- Allan
Christiansen (San Francisco, Cal, USA)
- Jack
Christiansen (Miami, Fla, USA)
- Julian
T. Crandall (Ashaway, RI, USA)
- Jorge
Cuevas (Manero, MŽxico)
- Emile
F. DuPont (Wilmington, Del, USA)
-
S. Kip Farrington, Jr. (East Hampton, NY, USA)
-
Roger Firestone (Pottstown, Pa, USA)
-
Alfred C. Glassell, Jr. (Houston, Tex, USA)
-
Douglas Houston (Buenos Aires, Argentina)
-
Anton Hulman, Jr. (Terre Haute, Ind, USA)
-
James M. Hutton, Jr. (Cincinnati, O, USA)
-
Northrup R. Knox (Buffalo, NY, USA)
-
Seymour Knox III (Buffalo, NY, USA)
- Chapin
Krech (Coral Gables, Fla, USA)
- Jaime
Llavallol (Buenos Aires, Argentina)
- Raymundo
D. Castro Maya (R’o de Janeiro, Brasil)
-
William R. Mote (New York, NY, USA)
-
John M. Olin (New York, NY, USA)
- Enrique
Pardo Heeren (Lima, Perœ) – Presidente Honorario
- Joseph
D. Peeler (Los Angeles, Cal, USA)
-
Dr. Webster R. Robinson (Key West, Fla, USA)
-
John K. Weeks (New York, NY, USA)
- T.L.
Bates (Lima, Perœ)
- C.
N. Carroll (Lima, Perœ)
- Max
Crawford (Bogot‡, Colombia)
- Cloyce
J. Tippett (Lima, Perœ)
Adem‡s
de los miembros del Club y de sus siempre distinguidos invitados, otros hombres
y mujeres famosos tambiŽn visitaron Cabo Blanco; es el caso de personajes de la
talla de Ernest Hemingway, Mike Lerner, Bob Hope, Lord Mounbatten, Bill Hatch,
la bi—loga Francesca LaMonte, Maisy, James Stewart, Gregory Peck, John Wayne,
Cantinflas, Henry Ford, Ray Flanagan, Van Heflin, Doris Day, Paul Newman,
Spencer Tracy, Marilyn Monroe, Luis Miguel Domingu’n, Luc’a BosŽ, Gary Cooper,
Ted Williams, Nelson Rockefeller y el Pr’ncipe Felipe de Edimburgo, entre otros
ricos y famosos.
4. Cabo Blanco en la
Actualidad
Desde
mediados de la dŽcada de los 60 en adelante, se conjugaron varios factores
negativos que obligaron al Cabo Blanco
Fishing Club a cerrar sus puertas, originando que cesaran las actividades
de pesca deportiva en la zona.
Por
un lado, el alejamiento temporal del pescado de nuestras costas debido a los
cambios en la incidencia de la Corriente del Ni–o, –que hoy sabemos es un
fen—meno global que se presenta en forma imprevisible cada 15 a 4 a–os–,
as’ como el apogeo de la industria harinera y aceitera, que propici— una
sobre-pesca desmesurada en la zona; y por otro lado, pol’ticas equivocadas de
la dictadura militar de entonces, que alimentaron un clima adverso hacia los
estadounidenses, y crearon condiciones desfavorables para el desarrollo de la
empresa privada, impidieron el normal desarrollo de los servicios y del
turismo, terminando por desalentar tanto a deportistas y turistas como a
inversionistas.
Aunque
estos servicios fueron reanudados a partir del mes de diciembre de 1985, cuando
la empresa fue asumida por un nuevo grupo de empresarios nacionales, en la
actualidad el famoso Club se encuentra cerrado luego de soportar los œltimos
a–os de recesi—n.
En
tiempos m‡s recientes, a fines de los 80, gracias a la gesti—n del ente
promotor tur’stico de entonces (FOPTUR) y al aporte econ—mico del Estado
Peruano, la zona fue visitada por el insigne pescador y operador de pesca
deportiva, el millonario tejano Jerry Dunaway, –poseedor de varios
records mundiales–, con sus embarcaciones ÒThe MadamÓ y ÒThe HookerÓ,
las cuales operaron durante 45 d’as en la zona, entre los meses de abril y mayo
de 1987, con la misi—n de explorar el potencial de pesca deportiva en el norte
del Perœ.
La
zona de exploraci—n abarc— desde diez millas al sur de Cabo Blanco, (frente a
Lobitos) hasta el Banco de M‡ncora, que queda aproximadamente a 35 millas de
las costas de Tumbes. En aquella
ocasi—n, pese a que las grandes migraciones de Merl’n Negro ocurren en otros
meses distintos a los que tuvo lugar la visita de Dunaway, pudieron localizar
cinco merlines negros migrando de sur a norte a cinco millas de las costas de
Cabo Blanco, logrando capturar uno de m‡s de 600 libras.
En
el Informe presentado al final de su estad’a, el se–or Dunaway indica
textualmente: "En varias ocasiones
ver’amos de cuarenta a ochenta merlines rayados en un d’a", y luego
agrega: "Es mi opini—n y la de mi
tripulaci—n que el Banco de M‡ncora tiene el potencial de poder ofrecer la
mejor pesca de Merl’n Rayado del mundo". Aunque pescaron gran cantidad de merlines rayados, sus
mayores esfuerzos los emplearon en localizar al Merl’n Negro.
Al
final de su Informe, el se–or Dunaway hace un comentario referente a la
conveniencia de implementar la zona con una flota de embarcaciones deportivas,
y al respecto comenta: "El riesgo
involucrado con esta inversi—n debe ser m’nimo pues la demanda por pesca de
calidad mundialmente es hoy en d’a muy alta".
Sin
embargo, luego de m‡s de 20 a–os de realizada esta expedici—n no se ha avanzado
mucho al respecto. Actualmente en
la zona de las playas del norte del Perœ, (y en general en todo el litoral),
existen a lo sumo 3 embarcaciones que dan el servicio de pesca de altura y no
existe mayor infraestructura marina ni hotelera.
Esto,
que puede sonar contradictorio, lamentablemente es un fiel indicativo de la
falta de confianza del empresario peruano en el potencial y los recursos
tur’sticos de su Pa’s, alimentado a su vez por la carencia de pol’ticas claras
y de largo plazo dirigidas a fomentar e incentivar las inversiones en este
campo.
La
falta de confianza del empresariado nacional para invertir en su Pa’s puede
encontrar una justificaci—n en los œltimos 40 a–os de vida republicana, en la
que no existi— continuidad en las pol’ticas de los sucesivos gobiernos y donde
predomin— la improvisaci—n y el inmediatismo, propiciando as’ las inversiones
s—lo en proyectos especulativos y de muy corto plazo.
Hoy
sabemos, gracias a nuestras investigaciones, a los registros del IMARPE y de
las capturas de los pescadores artesanales y comerciales, y de las ocasionales
capturas de los pocos turistas que se aventuran a pescar en la zona, que existe
durante todos los meses del a–o una variada y abundante cantidad de especies
deportivas de gran tama–o en nuestros mares.
Pero
no s—lo se requiere de una m’nima y bien planificada inversi—n para poder
recuperar el sitial que le corresponde al Perœ como centro de pesca deportiva
de nivel mundial, sino de una legislaci—n adecuada, que permita tanto proteger
el recurso marino, como dar las seguridades del caso a los potenciales
consumidores e inversionistas.
Felizmente
durante este Gobierno se han iniciado pol’ticas para rescatar este inmenso
potencial que tienen las Playas del Norte Peruano, una de estas muestras es la
ley de protecci—n de picudos como el Merl’n y el Pez Vela reciŽn dictada por el
Gobierno; as’ como el cambio de nombre del recientemente reinaugurado
Aeropuerto de Talara, que en adelante se llamar‡ Aeropuerto Cabo Blanco.